Navidad, tiempo de vínculos llenos de amor y de luz
Amo la Navidad porque es una fiesta espiritual muy especial, no importa la idea que se tenga acerca de la energía que mueve el universo. Tiene que ver con nuestro dador de vida, el Sol, y eso la hace profundamente real, pues esa fuerza cósmica que fluye en estos días nos da la oportunidad de generar más amor hacia nosotros mismos y, especialmente, hacia los demás. Todos, en mayor o menor medida, nos volvemos más sensibles y abiertos a los vínculos profundos, al amor entre los seres humanos y hacia toda la vida del planeta.
Trato de comprender el tiempo y lo que sucede en la vida cotidiana en cada momento del año, pero sin ninguna duda estos días tienen una vibración diferente. Es un tiempo único que favorece el contacto desde el alma. Claro que cada uno vive el tiempo y su realidad interior de manera distinta. Lo valioso es que podemos elegir cómo vivir estos días.
Debo expresar que la alegría que se vive en los ashrams de la Red GFU cuando se acerca la Navidad es incomparable. Estos centros de desarrollo humano, ecológico y transpersonal, inmersos en la naturaleza, son lugares especialmente adecuados para vivir momentos tan significativos. Cada persona que pasa allí unos días o incluso unas horas de convivencia, buscando su propósito y su propio camino, deja algo bueno y se lleva un alimento de amor para su alma.
Aunque las ideas y las formas de interpretar y experimentar la Navidad son diversas en el mundo, en lo personal no puedo dejar de percibir la magia de D.I.O.S. en sus múltiples manifestaciones y cómo, en realidad, todo sirve a un Plan Inteligente del Universo.
El árbol de Navidad también proviene de antiguas festividades vinculadas a los árboles. Es una costumbre originaria de los países nórdicos que simboliza la vida. Para conmemorar la Navidad se adornaban los árboles con guirnaldas, regalos y ornamentos de colores, a los que se les atribuían valores mágicos y fertilizantes de la madera. Así, todo aporta en Navidad para llegar a rituales que nos ayuden a encontrar el vínculo con lo sagrado de la vida.
Es necesario reconocer la importancia de ir más allá de nuestras limitaciones, ideas y sentimientos, para buscar un punto de vínculo posible dentro de la diversidad humana: la unidad expresada desde el Ser. Esto solo puede lograrse a través del amor, y precisamente ahora es un tiempo de gran amor. Se percibe la cercanía de esa conciencia cósmica llamada el Cristo, la fuerza que fluye desde el Sol y nos impulsa a crecer, avanzar y buscar lo mejor de nosotros mismos, orientándonos hacia una conciencia que nos acerca a la comprensión del todo. Por ello, es fundamental abrir el corazón y el alma para llenarnos de esa energía constructiva, ya que, si nos encerramos en nosotros mismos o nos mostramos indiferentes al “espíritu de la Navidad”, los resultados podrían ser contrarios. Tal vez porque la indiferencia es uno de los síntomas más comunes del desamor.
Recuerdo al Maestro don José Marcelli diciendo:
“Lo que nuestra conciencia percibe en la realidad es solamente un vislumbre muy limitado y sucesivo de la Verdad, del infinito potencial del Ser, llámese Ser Supremo, Causa Primera o Dios, cualquiera sea el nombre que se le dé. Para nacer de nuevo en espíritu y en verdad se necesita, en primer lugar, saber amar y respetar la libertad de aquello que amamos. No es fácil, porque solemos asociar lo que queremos vital y emocionalmente con lo que amamos espiritualmente. Como se ha dicho desde antaño: ‘Samartha, el segundo nivel del amor, es ser feliz con la felicidad del ser amado, aunque este encuentre su felicidad en otro ser’. En segundo lugar, hay que renunciar a todo lo que nos apega a la realidad cambiante para experimentar la Verdad Única, sin cambio, sin principio ni fin, sin dejar de vivirla dentro de su mágico caudal de formas y existencias. Eso es nacer de nuevo en espíritu y en verdad. Ese nuevo nacimiento otorga la maestría para ser colaborador consciente de la Magna Obra de la Vida. Por eso se dice que los Maestros de Iniciación Sagrada y Real son dos veces nacidos”.
Lo hermoso es que todos, si así lo decidimos, podemos nacer de nuevo, renacer desde nosotros mismos, construirnos o reconstruirnos como elijamos. Cuando alguien logra conciliar la fe con la conciencia, lo místico con lo científico, se convierte en sabio, al menos ante los ojos de quienes no buscan respuestas. Esta conciliación requiere de mucha autodisciplina física para aguzar la conciencia sensorial, así como la conciencia valorativa, intelectual y mística, para resumirlas en una sola Conciencia Trascendental.
El Universo es tan extraordinario en sus infinitas posibilidades de vida que pienso que todos los seres humanos, sin excepción, podemos vivir y regocijarnos en él, confiando en esa misteriosa y silenciosa inteligencia. Poco comprendemos aún de la vastedad de la vida y del universo, y seguimos siendo un misterio para nosotros mismos.
Es importante aprender a conocernos, asimilando la posibilidad real de que todos podemos llegar a vivir la experiencia transpersonal de la expansión de la mente, la conciencia crística o búdica, que nos brinda la oportunidad de participar como parte de ese Gran Ser. Para ello, primero debemos aceptar que comprender todo lo que observamos no es posible si no hacemos un esfuerzo consciente por avanzar en conciencia.
Comentaba el Maestre:
“Deseo para la humanidad la más amplia comprensión, que solo puede surgir de una mayor tolerancia. Solo así los seres humanos podrán tener la fe de un cristiano, las virtudes de un hindú, la integridad de un budista, la sabiduría de un taoísta y la disciplina y el control de un musulmán, integrando todas estas concepciones en una SÍNTESIS. Tal es el sendero que conduce a la INICIACIÓN”.
“¡GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS Y PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD!”
S. R. de la Ferrière.
La irradiación cósmica proveniente del Sol durante los días de Navidad es comparable a la energía pura de los rayos gamma o de los rayos X. Con capacidad de penetrar la materia, los componentes de la llamada radiación cósmica, procedentes del espacio exterior, bañan la Tierra.
Es tanta la energía que debemos cuidarnos de no estar mal por nada: si nos permitimos deprimirnos, la tristeza será más intensa; si nos sentimos solos, la soledad se profundizará; si nos dejamos llevar por el enojo, este se intensificará. Pero si elegimos permanecer en el amor, será un verdadero renacimiento hacia la luz.
Les deseo a todos la mejor de las Navidades: paz, amor y luz. Que la Fuerza Inteligente de donde fluye la vida los asista para elevar su estado de conciencia y alcanzar una mayor felicidad.
Gurú Constancio
Gracias, para mí muy esclarecedor, el nacimiento de mis Cristo interior
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