La magia de la Mantram Yoga.
El poder de la palabra.
Luz… Frecuencia… Vibración… Sonido… son la esencia primordial de todo lo que existe en el Universo. Así lo dijeron los grandes sabios y místicos de la más remota antigüedad, y lo confirman los nuevos físicos y científicos de la actualidad: “En el universo de las supercuerdas, todo vibra”. Se trata de una maravillosa y mágica danza vibratoria de ondas y partículas que oscilan a diferentes frecuencias; una configuración de vibraciones formando materia, organismos, geometría, sonido, color, luz, el Ser…
Por eso la palabra posee un intenso poder mágico: puede provocar en ti y en los demás estados especiales, negativos o positivos. Gracias a ella podemos hacer peticiones y súplicas a lo que consideramos Dios, es decir, esa inteligencia invisible de donde todo fluye y de la cual, además, de alguna manera formamos parte.
Pero ¿qué pasaría si, en lugar de pedir, tratáramos de “ordenar” o solicitar con certeza al universo algo que debe ejecutarse? Sí, es posible que a veces sea una trampa del ego, pero si ese decreto proviene del Ser que también somos, es diferente. Podría decir que casi todo es posible, porque dentro de nosotros están también esas partículas que crearon y crean la realidad que vivimos. Somos “polvo de estrellas”, y está demostrado científicamente que, si la mente se dirige completamente hacia un solo punto u objetivo, puedes ir materializando, dentro de las leyes, la realidad que deseas vivir día tras día.
Lo bueno es que todo puede adquirir un sentido trascendental, sagrado. Eso es un mantra. Pero es algo que hemos perdido con tanta información que no es real, pues casi todo ahora está inventado, “creado convenientemente” por algunos seres humanos y, en gran parte, modificado por la IA: inteligente, sí, pero artificial.
Lo que aprendíamos de niños en la sociedad considerada normal no era, ni es aún, una palabra de poder constructiva: es la mentira conveniente. Más ahora que todo es imagen y nada es lo que parece. Vivimos tiempos dominados por un modo de vida inducido por las redes sociales y subordinado a un intelecto lleno de introyectos, sometido a la materia, el poder y el tener. A esto se suma un pensamiento científico subjetivo que pretende ocupar todas las respuestas. Incluso estamos retrocediendo en nuestra capacidad de razonar y hemos perdido la capacidad de intuir: la mente más importante, la que ve lo invisible y esencial de la vida, y nos permite la conexión con la Vibración Primordial.
La palabra “mantra” proviene del sánscrito, de las raíces etimológicas man (mente, pensar) y tra (liberarse, protegerse, instrumento). En este sentido, el mantra es un recurso para proteger la mente de los ciclos improductivos del pensamiento y de las acciones. Una traducción de esta palabra es “conjuro mágico”; a veces se equipara a “palabra de poder”. Por eso, dentro del honor y la dignidad de los seres humanos, la palabra debería ser algo sagrado.
Podría decirse que un ser humano consciente de su Palabra, su Verdad y su Vida, expresando así que el verbo, puede dar vida a casi todo lo que se desea.
Era intensa la confianza de los antiguos egipcios en el poder mágico de la palabra. Se refleja en sus inscripciones: “Un hombre revive cuando su nombre es pronunciado”.
Cuando la muerte alcanzaba a una persona, si su nombre y sus palabras se conservaban, se aseguraba su supervivencia. Por el contrario, si el nombre era destruido, borrado, y a nadie le interesaba, esa persona quedaba aniquilada. Era olvidada, dejaba de existir. Como en la película Coco, donde los muertos ya no regresaban el Día de los Muertos y desaparecían porque nadie los recordaba. Para los mexicanos, eso no es una fiesta de la muerte, sino una celebración de la vida y el recuerdo de los antepasados.
A través de esa historia se exploran conceptos como el amor incondicional, la importancia de la familia y la memoria. Sobre todo, la memoria, mostrando que los muertos permanecen con nosotros en el recuerdo y en la cultura.
Así que, si pensamos incluso en nuestra propia vida y en lo que dejamos, si no hay nada ni nadie que nos recuerde, es como si nunca hubiéramos vivido. El olvido del nombre supone la aniquilación de la existencia de ese ser humano. Así habría ocurrido, según las creencias egipcias, con Akhenatón, el faraón cuyo nombre fue borrado de todos los registros, en un intento consciente de producir su olvido. Fue considerado un hereje, intensamente odiado por los sacerdotes de Amón y otros dioses.
En todo el planeta, la vibración de la palabra es fundamental. También en la antigüedad, los chinos tuvieron una escuela llamada Ming Chía, que buscaba llamar a las cosas por su verdadero nombre, mientras que los maestros de la India y el Tíbet conocieron esa ciencia como Mantra.
La creación del verbo como mantram y la magia del nombre
La fuerza vibratoria del sonido aplicada a ciertas palabras, y amplificada con una intención transpersonal, logra un poder definido: el poder del sonido. Principalmente, la fuerza del mantra se basa en que los sonidos actúan por resonancia en los planos sutiles de forma directa. En las vibraciones no acústicas, lo visible y lo invisible se reflejan invertidos. En el ritmo acústico, se reflejan directamente, sin inversión y casi de forma idéntica.
Por eso el bija, la semilla que contiene el mantra, puede ser no acústica, pero llega profundamente. El bija es el germen, la simiente, la esencia; representa el centro vital y genésico del mantra.
Cuando en el Japa Yoga se repite constantemente un mantra o una plegaria, se hace con la actitud de un sembrador que deposita una semilla en la mente, la cual puede germinar gracias a la concentración. En realidad, el bija es la base de cada mantra y su alma.
Tres elementos básicos componen un mantra: además del bija, su parte esencial, todo mantra está formado por la shakti y el tilaka. La shakti es la fuerza del mantra; el tilaka es la columna que sostiene el aliento místico. Estos tres componentes —bija, shakti y tilaka— están simbolizados por el cisne místico y se relacionan con las tres fases de la respiración.
Por eso, no digas “te amo” sin sentirlo, sin que haya una semilla real. También una palabra puede contener una intención negativa oculta; por eso, no hables mal de nadie.
Dentro de la magia sobre el nombre, tanto en Oriente como en Occidente, se pensaba —en el contexto iniciático— que el nombre individualizaba de forma determinante a la persona. A veces sucede que hay personas que sienten la necesidad de cambiarse el nombre. Y algo cambia, sin duda, pero antes hay que analizar por qué se lo pusieron, qué significa, qué vibración trae para esa persona.
El destino de cada ser humano está unido a su nombre. Por eso existe un nombre secreto y un nombre público.
En la Cábala judía, el valor de un nombre va más allá de su definición lingüística: se considera una fuente de energía vital y un reflejo de la esencia de la persona. El nombre es un canal para la fortuna y el destino, y cada letra posee una fuerza divina única.
En el corazón de lo sagrado, el nombre secreto de una persona debe mantenerse oculto; no debe ser conocido por nadie, porque podría ser manipulado.
Incluso el nombre común, al ser pronunciado, debe hacerse con respeto, pues al decirlo se revela un poco de la esencia íntima de ese ser.
Está confirmado que el Universo está hecho de sonido, y que en él cada cosa contiene una representación sonora simbólica de las pautas de energía que la componen. Ese es el bij-mantra o mantra-bija (semilla mágica), la nota fundamental de un mantra.
Mediante el conocimiento de los bija-mantra, se adquiere dominio sobre la esencia de las cosas. Al pronunciar un bija-mantra, quien lo hace entra en resonancia con el objeto o ser cuyo sonido raíz ha invocado, con la posibilidad de crear, transformar o destruir.
Quien conoce el secreto de los sonidos, conoce el misterio de todo el Universo.
Con amor a todos los seres,
Gurú Constancio




Gracias maestro por estar siempre abierto a compartir y enseñarnos
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