Las dimensiones humanas y su maravilloso potencial – Parte 2 


 Dimensión social y emocional del ser humano.

  Nuestra dimensión social siempre nos ha ayudado a sobrevivir y progresar como especie. Se trata de la inteligencia emocional, relacionada con el agua. Somos seres sociales; por ello, los seres humanos no podemos vivir plenamente en soledad, sino que somos seres gregarios que tendemos a agruparnos y a formar comunidades. Las diferentes maneras de hacer familia en el mundo son fundamentales para una vida plena. La familia, en cualquier cultura, es un grupo social que influye en la personalidad de sus integrantes y es un espacio donde se deben aprender valores, la convivencia con los demás y, lo más fundamental, recibir y dar amor. Si este aprendizaje no se da, la dimensión emocional queda lastimada. La familia es el primer lugar donde el niño aprende a desenvolverse como individuo. Las relaciones familiares determinan la ética, la manera de expresar y recibir afecto, las actitudes, los modos de ser y la estructura psicológica de una persona. Está demostrado que unas buenas relaciones familiares ayudan a los hijos a sentirse seguros y amados. 

                         

 Algunas de los tipos de familias consideradas hasta ahora son: 

• Familia nuclear: formada por los progenitores y uno o más hijos.
• Familia extensa: compuesta por la familia nuclear y otros parientes. 
• Familia monoparental: formada por un solo progenitor y sus hijos. 
• Familia homoparental: formada por una pareja del mismo sexo y sus hijos. 
• Familia ensamblada: compuesta por miembros de dos o más familias previas. 
• Familia de hecho: formada por una pareja que convive sin un enlace legal. 
• Familia sin núcleo: formada por parientes como hermanos, tíos, sobrinos, abuelos y nietos. 
• Familia de acogida: formada por adultos que acogen legalmente a menores que no son sus descendientes.
 También podemos incluir la familia de amigos, conformada por quienes se eligen y conviven; grupos, tribus o una de las familias más importantes para un iniciado que conoce la vida como ciclos continuos: la familia espiritual, con la que se vuelve a encontrar y que es la comunidad que lo levanta y lo apoya. 

 Para construir buenas relaciones familiares se necesita comunicación, trabajo en equipo, tiempo de calidad y aprecio. Así, la dimensión social se refiere a nuestra interacción con los demás, la capacidad de adaptación a diferentes ideas, personas y moralidades. 
Abarca nuestra vida social y el rol que jugamos dentro de la red de contactos, intercambios y asociaciones que conforman nuestra comunidad. La familia, las amistades y los grupos de trabajo son parte esencial de nuestra vida, por lo que atender esta dimensión es clave para nuestro bienestar integral. 

                                                             

 Dimensión emocional 
 La emotividad y el mundo afectivo constituyen la dimensión que alberga nuestro mundo interno de sentimientos, lazos y pulsiones que facilitan la interacción social y la vida interior. Representan nuestra forma más primitiva de pensamiento y, a la vez, una inteligencia extraordinaria para disfrutar la vida cuando se nutre y se controla. Por ello, es nuestra manera más esencial de vincularnos con el mundo. Las emociones y los afectos, en forma de fuerza amorosa, son indispensables para nuestro bienestar. La gestión de estos es clave para nuestra adaptación a la sociedad y el vínculo mágico con los elementos de la naturaleza. 


 Un individuo emocionalmente frustrado, en un estado perjudicial para sí mismo, tendrá dificultades para llevar a cabo cualquier tarea, por más capacitado que esté. Las emociones negativas bloquean el flujo de la energía vital. 
 Por otro lado, la vida afectiva suele definirse en función de la interacción con los demás, sobre todo durante la niñez y la adolescencia, que son etapas formativas clave. Sin embargo, la maduración emocional no termina ahí; a lo largo de la vida, debemos seguir cultivando esta dimensión. Por desgracia, este aspecto de nosotros no siempre recibe la debida atención. 

Nos hemos vuelto demasiado materialistas e intelectuales, sin desarrollar la inteligencia emocional necesaria. Esto entorpece nuestra capacidad de raciocinio, especialmente debido a la falta de amor. Una dimensión emocional bien canalizada puede elevarse a una esfera más sutil, donde el amor trasciende lo personal y se convierte en una fuerza de mayor alcance. Dimensión cognitiva y racional La dimensión del aire está relacionada con la capacidad de razonar y conocer, es decir, con el intelecto humano. Se trata de una dimensión de polaridad activa y de naturaleza cognitiva, que sigue expandiéndose conforme aprovechamos nuestro cerebro y acumulamos conocimientos. Lo que distingue al ser humano de los animales es, en parte, su capacidad de pensar y crear, su habilidad para razonar, deducir y comprender profundamente la realidad. Poco a poco, el ser humano se da cuenta de la inteligencia que lo rodea y de su posibilidad de usar la creatividad para diseñar soluciones basadas en la experiencia. A esto lo llamamos consciencia, inteligencia o razón. Se afirma que el raciocinio es una dimensión única de nuestra especie, vinculada al lenguaje y a la capacidad de abstracción. Sin embargo, mientras permanezca en el nivel puramente intelectual, seguirá dentro de las tres primeras dimensiones. 
                                       
                

                                                          

 Dimensión espiritual 

 La dimensión del fuego está relacionada con la mente superior y es de naturaleza femenina. Es una de las dimensiones más difíciles de definir, pues abarca el sentido de trascendencia, el propósito de la vida y la ética. A lo largo de la historia, iniciados, filósofos, religiosos, científicos y artistas han intentado responder a los grandes interrogantes de la existencia, proponiendo códigos éticos y morales en conformidad con una inteligencia superior, una ley o una tradición. 
 La dimensión espiritual permite al ser humano sentirse parte de un orden armonioso del universo, algo que no puede lograrse únicamente a través de la vida cognitiva o social. El arte, en sus diversas formas, también aspira a responder estas cuestiones mediante un lenguaje propio y complejo. 


 La magia que trasciende todo empieza en esta dimensión de la mente intuitiva, que actúa como puente hacia la quinta dimensión: la dimensión del Ser. Dimensión del Ser En la cúspide de la pirámide se encuentra la quinta dimensión, el espacio de lo invisible, donde se percibe la inteligencia de la que todo emana. 

 En la realidad concreta, esas partículas inteligentes, agrupadas en lo que llamamos Ser, necesitan manifestarse en polaridad, en distintos niveles de existencia. Su propósito es experimentar la vida y reflejarse a sí mismas a través de todo lo que percibimos con los sentidos. Descubrir nuestra esencia es la búsqueda más importante del ser humano, especialmente cuando surge la necesidad de integrarse a la gran sinfonía del universo. 

 Dentro de cada esencia, de manera misteriosa pero real, el Ser individualizado empuja hacia la evolución y el desarrollo de la consciencia de sí mismo. 

Si el discípulo está dispuesto, este impulso lo llevará a comprender, poco a poco, la quinta dimensión en su proceso de evolución. Así, irá transitando distintos niveles del Ser hasta alcanzar la comprensión profunda de su propósito de vida. 


 Gurú Constancio




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