Notas espontáneas 20
Hablando bien del Mal.
El Bien, el Mal y los pares de opuestos.
He pensado durante estos meses en algunas consultas, planteos y aportes dentro del diálogo abierto luego del Ceremonial, esta particular y especial práctica que forma parte de la Para Bakthi Yoga. Por lo general, los diálogos en esos momentos son más profundos y con el alma abierta, tratando de comprender lo esencial de la vida cotidiana. Últimamente se repite mucho todo lo relacionado con el sufrimiento, lo difícil, negativo, oscuro y malo de la vida.
Me ayudan mucho todas estas preguntas, que son más o menos las mismas que me hacía hace un tiempo, y debo compartir que aprendo siempre algo nuevo cuando conversamos sobre ellas en un intento de experimentar la realidad tal cual es, lo que nos hace plantearnos: ¿Es el mal necesario y tiene algún sentido? ¿Debemos eliminar todo lo malo? ¿Está justificado hacer daño? ¿Hay que permitir o justificar la violencia? ¿Siempre se manifiestan los opuestos en la realidad? ¿Para qué sufrir…?
Tantas inquietudes importantes y necesarias para reflexionar y entender poco a poco, porque puedo asegurar que, si podemos ir comprendiendo esta maravillosa dualidad de la realidad integrando todo lo que sucede, viviremos mucho mejor. Pensemos entonces, si el mal fuera INNECESARIO, ¿por qué y para qué existe?
Vivimos en un extraordinario Universo inteligente que ha evolucionado por miles y miles de millones de años, así que, ¿es posible pensar que está equivocado? Además, si todo viene de la misma fuente, ¿por qué pensamos que algo es bueno o es malo? Usemos la lógica; todo lo que existe, debe existir por o para algo. Pero nosotros, los seres humanos, hemos puesto una marca o etiqueta a todo, catalogando acciones, emociones, sentimientos, cosas, personas, circunstancias, pensamientos, etc… y terminamos dividiendo la realidad en dos polos separados e irreconciliables, con la idea, muy antigua de hecho, de que hay que eliminar esa parte considerada como “el mal". Así hemos vivido durante miles de años y siguen las luchas y las guerras de los “buenos” en contra de los “malos”.
Ya confirmamos a través de millones de años de historia, que intentar eliminar todo lo que consideramos “negativo” no da ningún resultado, al contrario, parece que lo fortalecemos y luego nos desilusionamos al experimentar la vida tal cual es, con sus opuestos acompañándose permanentemente, interactuando en estos planos de la realidad.
Por eso conviene replantearnos este asunto de separar el cielo del infierno, porque entonces, si el día es tan hermoso y la noche tiene sus temores, ¿habría que eliminar la noche? Podríamos decir que si es tan hermosa la expansión y el crecimiento, entonces tendríamos que eliminar la contracción, ¿pero cómo hacemos eso? Pretender hacerlo es buscar un imposible, pues no hay manera de separar cóncavo de convexo, o la maravillosa sístole y diástole del corazón...
Estas reflexiones que no son para justificar todas las malas acciones, barbaridades y lo terrible que podemos hacer como seres humanos, porque en realidad, hay que reconocer que tenemos el potencial de ser luminosos o muy oscuros, sólo basta ver las noticias para enterarnos de tantos acontecimientos y situaciones verdaderamente horribles que suceden a diario. Sin embargo, esa misma oscuridad debe tener alguna explicación en un Universo que se mantiene ordenado en todas partes y cuya manifestación incluye el desorden, a pesar de que los seres humanos aún no logramos integrar las múltiples caras del todo.
Igualmente, podemos irnos al extremo bello y constructivo, que es cuando somos extraordinariamente luminosos, maravillosamente bondadosos, increíblemente creativos, y de esa forma logramos incluso colaborar con el Universo en esa expansión y evolución natural que no puede existir sin involución.
La cuestión entonces es, ¿cómo haríamos la diferencia entre lo luminoso y lo oscuro si no existiera la oscuridad? Es decir, en un mundo donde todo es lo mismo, sin contrastes, ¿cómo podríamos apreciar los dos polos y todos sus intermedios manifestados en el mundo?
Pero vamos de nuevo, porque desde el principio de los tiempos hay polaridad; hay bien y mal, positivo y negativo, blanco y negro, grave y agudo, etc. La misma fuente de la vida se dividió para multiplicarse, por lo que justamente de esa polaridad, de esas diferencias entre los polos opuestos, surge la ley de género de la que fluyen infinitas vidas, pues significa: concebir, procrear, generar, crear, producir.
Hay que empezar entonces por comprender la dualidad para poder respetar todas las manifestaciones de la naturaleza, de un Universo inteligente y en expansión, por eso, aunque se necesita poner un nombre para reconocer las cosas, habría que dejar de ponerles un rótulo definitivo y absoluto, pues hay que incluir la parte oculta y contraria de todo lo que vemos y palpamos.
Como seres humanos, tenemos la capacidad de clasificar y ordenar todo lo que nos rodea para poder comprenderlo mejor, lo cual tiene un fin meramente práctico que nos permite interactuar con el mundo en lo cotidiano. Sin embargo, el problema surge cuando esas etiquetas dejan de tener un contexto y un fin práctico, y se convierten en juicios definitivos que clasifican todo como feo o lindo, asqueroso o agradable, ordenado o caótico, claro o confuso etc. Es importante salir de esos juicios y entender que son sólo producto de nuestra mente, pues en la realidad todo fluye de forma natural, mucho más allá de nuestra interpretación. En ese sentido, para decir que algo es “bueno”, deberíamos establecer un contexto: bueno en relación a qué, en qué tiempo y en qué lugar…
Cuando analizamos estos temas sin juicios morales absolutos, sino reflexionando y observando la maravillosa naturaleza del ser humano de forma completa, entonces somos capaces de aceptar todo lo que somos, incluyendo nuestra dualidad y todas nuestras aparentes contradicciones, sin condenar nada.
Me parece tan triste y absurdo cuando consideramos menos a alguien o nos burlamos de algún ser humano, sólo porque no tiene las características que consideramos normales. En realidad, la naturaleza se expresa a través de muchos tipos de vida y en esa diversidad debemos de tomar consciencia de que sólo somos una parte de las infinitas posibilidades de la realidad, unidos todos (plantas, animales, bichos) en armonía con el gran Todo, viviendo, afinando y disfrutando en paz, en interacción con las demás partes del increíble ecosistema que sostiene la vida en el universo.
Pero, observemos cómo los seres humanos podemos caer totalmente fuera de esa armonía, olvidando que somos hijos de la misma fuente. Sólo por esta falta de comprensión de la realidad, mutilamos en la vida todo lo que no nos gusta, lo que no entendemos o no concuerda con nuestra visión filosófica, religiosa o científica. Todo eso nos vuelve vanos, desordenados y absurdos, pero lo más triste, también infelices. Hasta que logremos volver a lo natural, aceptando la realidad con todas sus partes negativas y positivas, no podremos ser ni estar en plenitud.
No puedo olvidar la impresionante respuesta del Maestro Don José Marcelli ante la pregunta “Maestro, ¿qué piensa del mal?”. Su respuesta contundente: “Pienso Bien”.
Algo concreto que experimentamos es que, cuanto más irreconciliables son los opuestos en un ser humano, cuanto menos los acepta, mayor es su estado de vida mecánica y le es muy difícil ser feliz, también menores son los propósitos significativos por los cuales vive, pasando su tiempo en lo superficial y lo inconsciente. Por eso, este se vuelve un tema fundamental, ya que la unión y reconocimiento de los opuestos concede el mayor significado a la vida.
La comprensión surge de la conjunción y armonización de los opuestos realizada por medio de la potencia o fuerza que une, igual que una resistencia que conecta los polos y genera luz. En el ser humano sucede esto mismo de forma increíble análogo a la frase “cuando se reúnan dos o más en mi nombre, ahí estaré con vosotros”, que es lo que significan esas palabras tan extraordinarias del Gran Maestre Jesús. Esa fuerza que une los opuestos neutraliza todas las diferencias, dándole el verdadero sentido a los sucesos incomprensibles de la vida, de manera que comenzamos a percibir la presencia inteligente del universo en esta realidad.
Esta energía maravillosa que une a los opuestos podemos generarla en nosotros mismos, logrando incluso que los antagónicos más irreconciliables puedan llegar a cooperar entre sí, en lugar de estar luchando y destruyéndose el uno al otro.
Grandes sabios de la Antigüedad, así como la psicología en la actualidad, ya han expresado la necesidad de aprender a llevar el lado oscuro, que está en la sombra del inconsciente, hacia la luz de la conciencia. Este proceso implica asumir los opuestos fluyendo juntos, dándonos cuenta de aquella mitad “oscura” que habíamos olvidado, pensando que era necesario eliminarla, de manera que poco a poco iremos llevando a la consciencia todas aquellas contradicciones e incongruencias que no habíamos reconocido o que manteníamos reprimidas, olvidando la unión y existencia de los opuestos que viven en nosotros mismos.
Todo está vinculado en todas partes, todo… lo infinitamente grande con lo infinitamente pequeño, lo aparentemente malo con lo aparentemente bueno, el macrocosmos con el maravilloso mundo cuántico de las partículas elementales, y esto ha sido expresado desde hace miles de años por el principio de polaridad que conocemos mayormente a través del Kybalión. A través de la Ley de la Polaridad podemos entender que todo en el universo tiene un polo opuesto, por lo que esta verdad fundamental puede y debe ser aplicada a todos los elementos de nuestra vida cotidiana; las decisiones placenteras y difíciles, incluyendo las relaciones personales, la materia, las finanzas, la evolución, la salud, y es en cada uno de esos contextos en los que los polos fluyen y el bien y el mal se vuelven relativos.
Todas las cosas que consideramos serias, definitivas e importantes, son un polo de un par de opuestos… esto se expresa en cualquier dimensión de la vida, pues arriba y abajo se oponen, así como dentro y fuera, alto y bajo, largo y corto, norte y sur, grande y pequeño, aquí y allá, la superficie del mar y el fondo... igual que la vida incluye la muerte, el placer y el dolor, Dios y Satán, libertad y esclavitud. Todo se mueve en función de los opuestos.
En la naturaleza no hay nada considerado falso o verdadero, ni malo o bueno, ni nada más o menos, ella es totalmente imparcial en todo. Su fuerza emana de una fuente inteligente que parece considerar que todo está perfecto así como es. Además, sigue fluyendo y evolucionando en infinitas posibilidades.
La naturaleza se manifiesta de forma inteligente, en armonía con el Todo, por lo que a nuestra mente racional y condicionada, le cuesta reconocer la sabiduría que mueve a los elementos y a las leyes que creo esa inteligencia superior, que va más allá de nuestra comprensión.
Es interesante pensar que los pares de opuestos que vemos en la realidad, se manifiestan separados entre sí por nuestra mera interpretación, producto de una falta de comprensión de cómo se mueve la vida. Lo cierto es que vivimos en un mundo en conflicto y oposición casi permanente, pensando que esto debe ser así. Le tememos al dolor, pero es inevitable, nos obsesiona el mal y buscamos sólo el bien, pero sigue presente el mal, queremos solo el éxito cuando es inevitable lo contrario, temiendo demasiado a la inevitable muerte física cuando es ineludible; si naces físicamente, morirás.
La vida en realidad se expresa y evoluciona a través del juego de opuestos que se entretejen en octavas de consciencia cada vez más sutiles, así, aquella persona que hizo daño, a través de su paso por el infierno del sufrimiento y la inconsciencia, en algún momento conocerá ese daño, adquiriendo una mayor comprensión de las leyes de la vida, afinando poco a poco con lo más sublime a través del ejercicio de conocer las sombras para servir a la luz conscientemente.
Estamos comprendiendo cada vez más la ley de las vibraciones únicas. Tal vez a través de las ahora llamadas cuerdas por la física teórica, es decir, la ondas vibratorias, podríamos comprender las maravillosas frecuencias del Principio Universal, que se manifiestan con tonalidades diferentes. De esta gama de vibraciones diversas nacen las substancias más variadas por encima y por debajo de lo visible para los humanos, desde la materia más densa, pasando por el mundo cuántico, hasta el absoluto universo, lo que llamamos Dios. Él mismo es ese Gran Fluido Superior, manantial de todas las inteligencias, que abarca y reconcilia toda dualidad, y lo más increíble es… que tú eres parte de esa fuente maravillosa de la vida.
Maestro Constancio.



Totalmente de acuerdo.
ResponderEliminarPor eso, después de miles de años los Principios Herméticos de Hermes son muy claros y siguen vigentes.