Compartiendo el Sendero 44

 La joya del Sistema Yoga es el Tantra

Qué importante y hermoso es aprender a vivir sin condenar nada, ni temer diferentes experiencias, te sientes tan bien contigo mismo, y lo mejor, con esa actitud, de manera natural empiezas a fluir, con respeto y tolerancia en los vínculos con los demás; aprendiendo de cada una de tus experiencias de vida, aprovechándolas como tierra fértil para el desarrollo de tu consciencia, sin límites ni etiquetas, eso es parte esencial en el Tantra Yoga. 

Es sabio elegir las experiencias más constructivas para tu vida, sin embargo, tu visión se amplía cuando aprendes de todo aquello que vive en ti y que te parece desagradable o indigno. La vida se vuelve más bella cuando logras mirar a los demás y mirarte sin pretensiones, y aprendes a distinguir lo divino en ti; incluso en aquellos instintos y las aparentes limitaciones, son como el loto que crece en el fango, pues serán el terreno perfecto para que tu consciencia florezca. En este mundo, nadie es perfecto, pero es precisamente del aprendizaje que dejan las vivencias, incluso las más densas, de donde podrás sumar sabiduría e ir hacia lo más alto y sutil de ti mismo. 

El Tantra reconoce en absolutamente todo, una joya cubierta de fango que habrá que pulir, pero a final de cuentas, no deja de ser joya. La carga de instintos y tendencias del ser humano es usada como puente para ir hacia el loto que vive en tu corazón esperando ser revelado. En la espiral de la realidad, una consciencia superior, un ser iluminado, saldrá del fango, de lo más bajo, igual que el carbón que luego se transforma en diamante. El Tantra nos ayuda a apreciar nuestra totalidad, sin prejuicios ni temores, para aprender a trasmutar esa energía primitiva y convertir nuestra vida en un milagro. La cristalización, la transparencia que deja fluir la luz, lo que expresamos como pureza, llega con el trabajo de trasmutación y aprendiendo a vivir conscientemente las experiencias de vida. 

El Tantra Yoga representa el esfuerzo por entrar en el eslabón que une el macro y el microcosmos, lo finito y lo infinito, entre el ser individual y el Cósmico. Mientras para algunos, todo lo que es espiritual o místico parecería excluir todo aquello que es mundano, en el Tantra los dos tienen una naturaleza prístina, por lo que están armoniosamente reconciliados, se perfeccionan y se dan fuerza, hasta que llega el momento en el que no se puede diferenciar uno del otro. 

El Tantra es casi el único método de los 22 yogas o líneas tradicionales, que abarca lo denso y lo sutil en un trabajo integral hasta a la iluminación, en la cual ambos aspectos se funden y cesa la diferenciación entre Samsara y Nirvana: lo ilusorio y lo divino. Este trabajo es tan especial, porque se distingue de infinidad de métodos donde el practicante debe aislarse y desapegarse no solo del mundo externo, sino de sus propios instintos, emociones y pensamientos.

En el Tantra se aprende a penetrar en lo profundo de la realidad, más allá de los conceptos de bueno o malo, abrazando la semilla de la consciencia que habita en todo y sin distinción. Los apegos, los placeres, las riquezas dejan de ser enemigos del camino espiritual, y se invita a conocerlos a fondo, sin reservas, para aprender a observarnos y a observar la naturaleza para manejar los elementos en lugar de escapar de ellos. 

Hay un estado emocional poco constructivo de muchos practicantes en senderos aparentemente espirituales, en el cual se rechaza o incluso, se teme, apegarse o disfrutar del mundo, sin embargo, de esa manera no podremos realmente aprender a desapegarnos o trascender. Puedo dar un ejemplo simple, si rechazo el dinero y nunca aprendo a generarlo y manejarlo ¿entonces de qué me desapego? La verdadera prueba consiste en trascender algo que ya se vivió y se cultivó.

Por eso en el Tantra, todo tipo de experiencias y de inclinaciones son usadas como combustible para llegar a lo más Sagrado. Se aprende a vivenciar primero el éxtasis más superficial y efímero, para usarlo como puente a una experiencia más profunda y duradera, y luego al éxtasis final, que va más allá de los conceptos y de cualquier disfrute pasajero. Muchos se quedan en el margen del primer tipo de éxtasis, porque ir más allá se complica en estos tiempos, en los que tendemos a experimentar de manera superficial nuestras relaciones humanas.

Por eso amo el Tantra Yoga dentro de un Yoghismo. Con este método y esta perspectiva sobre la vida y el universo, puedes sentirte valioso y sagrado aun con todos los defectos e instintos que puedas tener. Los celos, las mentiras, los miedos, la competitividad, la envidia, la posesión, la gula, la lujuria, la soberbia, todos tiene una carga negativa que rechazamos y nos avergüenza… a través del Tantra se aprende a transmutarlos sin rechazarlos, ni experimentarlos con culpa. 

Lamentablemente, todavía muchas personas piensan que el deseo o la intimidad física son algo bajo e instintivo, incompatible con el desarrollo espiritual. Por cultura y educación, pensamos que, si una persona vive plenamente ese aspecto físico de disfrute, seguramente es alguien superficial o denso, cuando en realidad debería ser visto como algo natural, ni más ni menos importante que cualquier otro sentimiento o acto humano. El Tantra nos enseña que cualquier actividad que fluye a través de la naturaleza y de cualquier ser vivo es “Santo, todo es Santo”. Observemos que aun en la “maldad” o en lo negativo de la vida, hay algo sagrado que proviene de la misma fuente, que lo más bondadoso y sutil, aunque nos cueste asimilarlo. 

Con el Tantra Yoga aprendes fácil a ser autentico conscientemente, y, por lo tanto, feliz.

Maestro Constancio

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