Notas espontáneas 14
Los celos, parte 2.
Ya mencionamos que los celos pueden causar un daño enorme a quien los padece y a las personas a su alrededor, y que en general podemos entenderlos como una emoción intensa, que si se descuida, se trasforma después en una mezcla de sentimientos aflictivos que te sacan de centro. Lo peligroso con esto, y en general con cualquier emoción que inconscientemente estemos dejando crecer, es que si ese mecanismo de la emoción se repite varias veces, entonces deja de ser un proceso espontáneo y que puede ser fácilmente controlado, para convertirse en un patrón de comportamiento que nos produce enorme sufrimiento. Desactivar ese patrón de conducta que ha sido ya interiorizado y hasta mecanizado por el cerebro (que es el encargado de nuestras emociones, sensaciones, conducta y pensamientos) requiere un esfuerzo intenso de transformación personal.
Los celos surgen como una de las tantas manifestaciones del egocentrismo y es importante entender que son una respuesta relativamente natural cuando se quedan en un impulso espontáneo del cerebro reptiliano, es decir, esa parte del cerebro primitivo a partir del cual evolucionamos biológicamente hasta convertirnos en seres humanos. Es cierto, somos seres racionales, pero la base de nuestra evolución es biológica, es decir, somos animales también, y esto debería ayudarnos a comprender de dónde nacen esos impulsos que a la luz de la razón parecen egoístas o mezquinos.
En otras palabras, los celos, al igual que otras emociones parecidas, provienen de la parte más primitiva de nuestra evolución, y son reminiscencias de la parte más “cavernícola”, “bruta” y “animal” que llevamos todavía los seres humanos. Por eso con los celos pueden aparecer manifestaciones violentas que no controlamos, terminamos dañando y haciéndonos daño. Por lo tanto, pretender que jamás los hemos sentido o los sentiremos, es negar ese aspecto instintivo que forma parte de nuestra naturaleza.
Ahora bien, que los celos sean parte de un aparato instintual del que todos los seres humanos estamos dotados, no significa que debemos cruzarnos de brazos, pues en realidad asumiendo lo que nos pasa podemos controlarlos. Debes entender que esa parte instintiva se manifiesta como un chispazo muy intenso, pero afortunadamente, pasajero. Lo que en la sociedad conocemos como celos, en realidad se trata de ese impulso alimentado y acrecentado por nuestra falta de educación emocional y escaso manejo de nuestra mente, lo cual da paso a pautas de comportamiento muy dañinas.
Esos celos acrecentados, que sobrepasan un impulso pasajero y nos hacen cometer locuras, son autodestructivos, causan angustia, tristeza, estrés, nerviosismo y nos aíslan; además de poder provocar malestares físicos y psicológicos más graves, como insomnio, trastornos de ansiedad, depresión, etcétera. Quizá uno de los efectos más inmediatos es aquella barrera que se levanta separando a la pareja, aunque se amen.
Los celos se relacionan también con otras características tóxicas de la personalidad, pudiendo activar comportamientos que lastiman a quienes nos rodean y distorsionan los vínculos sanos y amorosos. Unos de esos rasgos es el narcisismo que se activa cuando quien siente celos percibe que su pareja tiene un mundo aparte del núcleo que se ha formado entre los dos.
El narcisista desearía ser todo el mundo, toda fuente de amor y felicidad para el otro, lo cual puede agravar la situación hiriendo, aislando o cuestionando la autoestima de su pareja. La persona narcisista debe anular todo logro e independencia de su pareja, para sentirse seguro y eliminar la amenaza de una ruptura, pues desea que la vida de su pareja gire alrededor de él o ella.
Todo esto, estas formas que tenemos los seres humanos de intentar controlar a nuestra pareja y sabotear nuestro amor propio y estabilidad, cobra sentido cuando entendemos que parten de miedos y sentimientos profundos de carencia. Además de ese aspecto primitivo del que ya hablamos, somos criaturas sociales, mamíferos programados al nacer para ser cuidados y atendidos, y son etapas en las que el amor de nuestros padres puede hacer la diferencia entre morir o vivir. Un bebé humano recién nacido, nada puede hacer para sobrevivir en el mundo por sí solo, es decir, depende de ser amado (y por lo tanto cuidado) para sobrevivir. Lamentablemente esa programación, más los traumas familiares, hacen que la persona celosa sienta que literalmente se muere sin recibir lo que percibe como amor por parte del otro.
Amar, como lo dijo Erich Fromm, es un arte que se aprende y se debe ejercitar. Nadie nace sabiendo amar libre y profundamente, pero sí nacemos todos con la capacidad de desarrollarlo, si acaso lo queremos. Amar es el proceso que necesariamente requerirá de nosotros una reeducación y una sanación de nuestras heridas más profundas.
Es interesante cómo uno de los principales ingredientes para rescatar la relación de pareja de los daños que provocan los celos, es abrirse con el otro y conversar todo lo que llevamos dentro. Los celos pueden provocar aislarse, guardar silencio, cortar la comunicación con tu pareja, pero aprender a mostrarse sin miedo, con la intención de encontrar entre los dos un remedio, puede ser lo más importante para salir adelante en el vínculo.
Los celos, si se manejan correctamente, pueden promover una crisis que a la larga beneficie enormemente a la pareja, pero para esto, debe haber una constante y honesta comunicación, una voluntad de observarse a sí mismos sin perderse en las emociones o pensamientos, y un amor casi sagrado por el otro, que nos haga mantener la promesa de jamás herirle. Abordar de manera abierta esta crisis, sin ocultarse por ira o vergüenza, puede hacer que la pareja trabaje como un equipo a favor de la felicidad de ambos, y por supuesto, será necesaria una gran dosis de humildad para reconocer los momentos en los que hemos perdido el control sobre nuestras emociones, palabras, pensamientos y acciones.
Por eso se dice que antes de iniciar una relación de pareja, es importante aprender a conocernos a nosotros mismos, trabajar en nuestras heridas y nuestras creencias limitantes. En la medida en la que dos seres humanos que se han esforzado en mejorarse a sí mismos y que no le temen a la soledad pues viven bien consigo mismos, se unan para formar una pareja, entonces ese vínculo de amor podrá vivirse con total libertad y respeto, anteponiendo siempre el bienestar del otro por encima de nuestros impulsos egoístas.
María y Constancio

Maestro Constancio, en una etapa de mi vida yo vivi esa experience, no es agradable , se sufre , la pareja no se da cuenta , de esa manera se provoco el desastre
ResponderEliminarMaestro muchas gracias
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